El difícil camino hacia la Independencia, y a una nueva nación con soberanía y territorio aún indefinidos

La emancipación de los territorios americanos fue el resultado de múltiples factores. El derrumbe del imperio ibérico (iniciado con el cautiverio del monarca español en 1808), la creciente presión comercial de Inglaterra, y el resentimiento y disconformidad existentes en América hacia fines del siglo XVIII.

En el momento del derrumbe imperial no existían aún naciones en América. Las colonias estaban integradas por virreinatos, grandes provincias y ciudades.

En 1808, se produjeron importantes cambios en la península ibérica que impactarían decisivamente en el conjunto de Iberoamérica. Los reyes españoles fueron tomados prisioneros por Napoleón Bonaparte.

El poder de la Corona Española sobre el Virreinato del Río de la Plata trastabillaba, tenía que enfrentar a otras potencias. La familia real portuguesa se instala en Brasil luego de la invasión franco-española a Portugal. Este traslado iba a aumentar sus viejas apetencias territoriales sobre las colonias españolas. Mientras que Inglaterra, ampliaba sus intereses comerciales en la región.

El camino hacia la Independencia fue difícil. Bajo un clima político muy cambiante, surgieron y se ensayaron diversas alternativas.

Desde 1810, se propusieron diversas formas de imaginar la creación de estado independientes. Éstos pudieron abarcar desde un conjunto de ciudades hasta toda la América del Sur. La idea compartida era que una nación debía surgir de un pacto político entre los “pueblos”, es decir, las antiguas ciudades.

Los historiadores vienen observando que “independencia”, entre 1808 y 1810, no significaba aún la ruptura completa de los vínculos con la Corona española, sino alguna forma de “autogobierno” o “autonomía”. Por el contrario, los criollos que esbozaban una ruptura definitiva de ese vínculo, usaban la expresión “independencia absoluta”.

La historia de la casa

La casa perteneció a Miguel Laguna, comerciante español casado con Francisca Bazán. La construcción estaba organizada a partir de tres “pabellones” paralelos a la calle, entre los que se encontraban dos patios cerrados lateralmente por habitaciones y galerías, seguidos por una huerta con árboles frutales y el pozo de agua.

Como la mayoría de las edificaciones de la ciudad en la época colonial, esta residencia estaba construida con muros de tierra apisonada (tapial) y adobes, revocados con barro y cal, sólo el frente fue hecho de ladrillos para que pudiera soportar elementos decorativos como sus dos columnas torsas o salomónicas.

En 1816, a falta de edificios públicos adecuados, se decidió que el Congreso General Constituyente sesionara en esta residencia.

Luego de la Batalla de Tucumán en 1812, la casa fue utilizada como cuartel, por lo que la familia Laguna-Bazán ya no vivía en ella. En 1815, funcionaron aquí la Aduana, las Cajas Generales y el Almacén de Guerra. Entre marzo de 1816 y febrero de 1817, recibe al Congreso General Constituyente, para ello se amplía el salón destinado a las sesiones, se reparan los techos y se construyen letrinas. En 1817, vuelve a ser alquilada para la imprenta del ejército y en 1836, pasa a ser propiedad de Carmen Zavalía, hija de Gertrudis Laguna-Bazán y de Pedro Antonio de Zavalía. Durante los siguientes años, la casa fue objeto de diversas intervenciones.

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