La acción de retratar puede sugerirnos la idea de "hacer volver algo hacia atrás", si pensamos que se trata de un recorte de época o una descripción detallada de alguien o algo. Pero también podemos pensar al retrato como parte de un relato, donde se funden las historias de vida de retratados y retratistas con la historia de un país y donde la mirada siempre nos invita a imaginar más de lo que vemos.

El primer pintor tucumano

Ignacio Baz fue uno de los retratistas argentinos más prolíficos del siglo XIX. Hoy sus obras son consideradas un valioso documento histórico para conocer a muchas figuras de la elite provincial y nacional de ese período.

La fecha de su nacimiento no se sabe con exactitud, pero la mayoría de sus estudiosos la ubica en la década de 1820 en Tucumán. Sus primeros dotes artísticos los expresó en el dibujo y la caligrafía. La familia vio el talento de Ignacio y decidió que estudiara y se formara en Buenos Aires.

En el año 1838 se vio obligado a retornar a Tucumán tras la muerte de su padre. A partir de ahí comenzaría a crecer su carrera profesional como artista donde su pincel estaría abocado al retrato.

Hacia 1945 viajó a Córdoba donde entabló relación con Amadeo Gras (un pintor francés destacado y afincado en la provincia) y conoció también al miniaturista belga Henri Gavier. Algunas investigaciones afirman que fue en Córdoba donde su producción pictórica mejoró notablemente gracias a las lecciones de pintura y a las influencias del medio artístico cultural imperante.

La ruta viajera del artista continuó por Bolivia, Chile y Perú, donde trabajó como retratista y frecuentó algunos círculos de intelectuales. Para la época, en el vecino país trasandino, residían un gran número de exiliados argentinos contrarios al régimen de Rosas que gobernaba por entonces Buenos Aires.

Personalidades como Alberdi, Mitre, Sarmiento, Juan María Gutiérrez, Carlos Tejedor, entre otros, fueron retratados magistralmente por Ignacio Baz en esos días mientras también daba clases de dibujo y retrataba al óleo, acuarela o gouache, a las mujeres y hombres de las élites de cada ciudad.

Luego de esos años de viajes por la región, la muerte de su madre truncó sus deseos de conocer Europa. En 1876 regresó a Tucumán, donde residió hasta su muerte un año después. Sus últimos años fueron marcados por los problemas económicos, aunque tenía una clientela continúa e importante, vendía su obra a un bajo precio. Terminó sus días en la pobreza, abrumado por el trabajo, dejando más de cien retratos sin terminar.

Su obra

Ignacio Baz fue principalmente un retratista, le interesó profundamente la representación de la figura humana más que la del paisaje. Su obra se caracteriza por ser exacta en sus trazos con una paleta fría de colores. La falta de sentimientos en los gestos, la seriedad y la mirada serena de sus modelos son un sello distintivo del artista.

Para la realización de sus retratos, Baz recurrió a distintos procedimientos. Hizo uso del retrato natural o “pose viva”, de retratos fotográficos previos y reproducciones de obras a color y en blanco y negro. Realizó más de cien óleos, numerosos dibujos y miniaturas. También hizo retratos fúnebres, una práctica muy usual en la época. Pero de todos los procedimientos mencionados, fue el retrato natural el que más trabajó el artista.

El artista ante sí mismo. Su autorretrato

El aspecto físico de Baz continúa siendo un tema de controversia. Hasta principios del siglo XX se conocían dos retratos del artista: uno en el que había un hombre de rostro alargado con una amplia frente, pelo oscuro y una barba abundante, y el otro donde se encuentra una miniatura pintada en marfil representado de manera similar al primer retrato con fecha aproximadamente anterior a 1855, publicada en el libro de Adolfo Trostiné existente en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Unas décadas más tarde, ya iniciado el siglo XX, aparece un nuevo autorretrato de Baz. Se trata de un dibujo a lápiz de 13, 6 cm  por 10,5 cm, contenido por un marco ovalado y en cuyo dorso sobre papel de madera papel posee una inscripción manuscrita que dice:

 “Autorretrato de Ignacio Baz 1826-1887 “, con diferente letra a continuación se lee: “Autorretrato de Ignacio Baz que perteneció al álbum de la Sra. (siguen dos iniciales ilegibles, que parecen  M.N o N.N) de Tucumán. Certifico su autenticidad R. Trostiné”.

El dibujo representa a un hombre robusto con abundante pelo ondulado, barba con bigote y cara redondeada portando en sus manos las herramientas de un pintor.

La evidencia de que es un autorretrato está dada por el pincel o lápiz, que está en la mano izquierda del personaje.  Esta obra ingresó a la Casa Histórica en 1985 como donación de Miguel Alfredo Nougués.

Ficha técnica muestra

Curaduría: Javier El Vázquez
Investigación y textos: Gabriela Gorriti
Edición de textos: Valentina Mitrovich - Javier El Vázquez
Restauración y puesta a punto de obras: Cecilia Barrionuevo - Ana Oliva - Gabriela Gorriti
Diseño museográfico: Javier El Vázquez
Montaje: Javier El Vázquez - Juan Pablo Bulacio - Claudio Amaya - Ramón Juárez - Esteban Alderete

Cuándo

A partir del 6 Feb. 2021
Hasta el 1 Junio 2021

Dónde

Casa Histórica. Museo Nacional de la Independencia

Congreso 141 San Miguel de Tucumán, Tucumán